martes, 20 de agosto de 2013

Despedida de una científica que está haciendo las maletas


19 AGO 2013 - 20:12 CET

Tras cinco años en España, con un contrato Ramón y Cajal, el desplome de la I+D impone de nuevo la emigración a Estados Unidos 


 AMAYA MORO-MARTÍN 

 Estimado Sr. Presidente,







Aprovechando el periodo estival, y para minimizar los costes de mi próximo traslado trasatlántico, estoy haciendo limpieza de mi oficina en el CSIC y me gustaría devolverle algunos documentos que ya no voy a necesitar.
Adjunto le devuelvo el certificado oficial de haber superado positivamente la evaluación del Programa I3, el Programa de Incentivación de la Incorporación e Intensificación de la Actividad Investigadora. Agradezco el detalle del Ministerio de Economía y Competitividad pero, en el contexto actual de la investigación en España, no entiendo los conceptos “incentivación”, “incorporación” e “intensificación” (tampoco el de “actividad investigadora”, más allá de la basal). Gracias de todos modos por comunicarme que soy “apta” para investigar; del feedback de la comunidad científica uno no se puede fiar.
El documento que guardo con más cariño, y que también le devuelvo en este envío, es el BOE que describe mi contrato bajo el programa Ramón y Cajal. Subrayado en amarillo encontrará el párrafo donde se detalla el compromiso explícito de, superadas las evaluaciones pertinentes, convocar una plaza con el perfil del investigador contratado. Fue ese párrafo el que me hizo poner fin a más de una década en EEUU. También le devuelvo otro BOE, el de la Ley de la Ciencia, que reafirma ese compromiso de estabilización laboral, introducido precisamente por su grupo parlamentario en el Senado. Le envío esos documentos en una bolsa hermética, son puro papel mojado.Así mismo le devuelvo la homologación española del título de doctor que obtuve en EEUU y la docena de documentos necesarios para su trámite. Todos los documentos vienen con la apostilla de la Haya y las consiguientes firmas del Gobernador del Estado, traducciones oficiales y copias compulsadas con las firmas del Cónsul español en Nueva York. Se incluyen las descripciones detalladas de todas las asignaturas cursadas, que resultaron de mucho interés tanto para el Gobernador como para el Cónsul. Afortunadamente España lidera la cruzada de las homologaciones. Fuera de nuestras fronteras cualquier título original vale, un verdadero escándalo.
Por el mismo conducto le envío las 700 páginas de certificados y documentos que tenía preparados para el día en que se convocara una plaza con mi perfil, algo que nunca ocurrió. Es la documentación requerida para acreditar la veracidad de mi currículum. Recopilar esa documentación fue una labor de investigación tremendamente gratificante. Sepa usted que en los muchos trabajos que he solicitado fuera de España la documentación requerida es algo más escueta, aproximadamente de 10 páginas: un plan de trabajo y un breve currículum, que no hay que justificar porque la comunidad científica opera con un código de honor. Si quiere un día se lo explico. Sepa usted también que nunca he podido presentarme a una oposición en una universidad española por no tener la acreditación de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación, acreditación que, por otro lado, sólo se consigue si uno tiene una vinculación previa con una universidad española. Es curioso que ni la Universidad de Princeton ni la Universidad de California en Berkeley, donde hice hace unos años sendas entrevistas de trabajo para plazas de profesor, echaran en falta dicha certificación de aptitud. Quizá la permeabilidad tenga algo que ver con la excelencia, ahora que estamos tan preocupados por los rankings internacionales.


También le devuelvo la carta que la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología tuvo el detalle de enviarme hace unas semanas a mi antigua dirección en la Universidad de Princeton. El objetivo de dicha misiva es realzar la “marca España” con un programa denominado “Ciencia Española en el Exterior”. Sepa usted que me trasladé a España hace cinco años y cuando emigre próximamente la ciencia que haga ya no será española, ni será gracias a España; seguiré haciendo ciencia a pesar de España. No se molesten en enviarme esa misma misiva a mi nuevo centro de trabajo en NASA. Ese esfuerzo ímprobo que han realizado ustedes para localizar a investigadores españoles en el extranjero, que ha llegado incluso a recopilar los viejos correos electrónicos de los que habíamos regresado hacía años, podrían canalizarlo en contactar con los investigadores que todavía están en España y cuya permanencia en el país pende de un hilo. Quizá sea interesante evaluar el alcance del problema, analizar las causas y diseñar una estrategia para buscar soluciones. ¿Cómo, que no sabe a qué problema me refiero? Al de la fuga de cerebros, esa realidad sangrante que su equipo describe como un “topicazo”. Les sugiero un nuevo eufemismo para su colección: inquietud laboral.
Ya se que tiene usted copia porque la dejamos en el Registro de Entrada, pero permítame enviarle de nuevo el CD con las 50.000 firmas de la primera Carta Abierta por la Ciencia y otro con las 80.000 firmas de la segunda. Y una sugerencia: en la verja del Ministerio de Economía y Competitividad, cuyas puertas cerraron a cal y canto el pasado 14 de junio ante la llegada de la mayor manifestación de investigadores en la historia de España, tenga usted disponible, por favor, un rollo de celo. Lo digo para que podamos pegar en la verja la siguiente carta abierta por la ciencia, como pasó con nuestra última carta. O ponga usted un corcho. Entiendo que ambas cosas, el celo y el corcho, excedan el presupuesto de la I+D(*) en España; nos apañamos con uno u otro.


También le devuelvo todas las afirmaciones que su equipo ha hecho de cómo España sigue apostando por la I+D(*). Deduzco que esa apuesta fue hecha en Eurovegas y perdimos. Le devuelvo esas afirmaciones con el mismo afecto con que las recibimos. En realidad usted personalmente no miente, porque no ha dicho nada, absolutamente nada al respecto. Pero aquí le envío los contactos de los 156 periodistas nacionales e internacionales con los que hasta ahora he tenido el placer de hablar sobre su política científica, por si algún día se decide a decirles algo sobre este asunto. Somos todo oídos.
En este abultado envío también le adjunto mi certificado de empadronamiento y dudo si devolverle o no el pasaporte de mi hija de nueve meses; tiene doble nacionalidad pero nuestro futuro en España es tan incierto que me pregunto si volverá a necesitar el pasaporte español. Ahí le van. Se los envío con un nudo en la garganta, el nudo doble de los que se enfrentan a la emigración por segunda vez.
Por último, y a cambio de todos estos documentos que le devuelvo, le pido tan sólo una cosa: devuélvame usted mi dignidad como investigadora, y en el mismo envío, si no le es mucha molestia, devuélvasela a toda la comunidad de investigadores en España, y no se olvide de los de humanidades.
Mariano, durante su legislatura la investigación en este país se está hundiendo irremediablemente hacia el abismo de la fosa de las Marianas. Y si bien es cierto que nuestros colegas científicos han descubierto que hay vida allá abajo, sepa usted que es bacteriana.
Un cordial saludo,
Una investigadora.
(*) P.S. I+D significaba Investigación y Desarrollo.
Amaya Moro-Martín es investigadora Ramón y Cajal del CSIC y promotora de la Plataforma Investigación Digna

domingo, 2 de junio de 2013

GASLAND 2010

Director:

 

Writer:

 


Gasland is a 2010 American documentary written and directed by Josh Fox. Nominated for an Academy Award for Best Documentary in 2011, the film focuses on communities in the United States impacted by natural gas drilling and, specifically, a method of horizontal drilling into shale formations known as slickwater fracking.

Gasland (2010) es un documental estadounidense escrito y dirigido por Josh Fox. El documental se centra en comunidades de los Estados Unidos que se han visto afectadas por la extracción de gas natural "no convencional" o "de esquisto", más específicamente, por un método de extracción denominado "fracturación hidráulica" (del ingléshidraulic fracturing o gas fracking).

Sinopsis En mayo de 2008, Josh Fox recibe una carta de una compañía de gas natural ofreciéndole 100 000 dólaresa cambio de su permiso para explotar su terreno familiar en Milanville, Pensilvania, para la extracción de gas natural. Tras la recepción de dicha oferta, Josh Fox estuvo consultando información sobre la extracción de gas natural en las formaciones geológicas de esquisto que se encuentran bajo vastas regiones de los estados de Pensilvania, Nueva York, Ohio y Virginia Occidental. Él visitó Dimock, en el condado de Susquehanna, Pensilvania, donde ya se estaba realizando la extracción de gas natural mediante fracturación hidráulica. En Dimock, él conoció a familias que podían prender fuego al agua del grifo de sus casas, a la vez que padecían diversos problemas de salud, y que tenían la sospecha de que sus pozos de agua habían sido contaminados.

domingo, 7 de octubre de 2012

Happy birthday

Digamos que pudo pertenecer a la generación de mis abuelos. Por allá por 1913, quince años antes que nacieran mis padres, propuso ese modelito mini-planetario que todo el mundo de hoy asocia con un átomo. Niels Bohr nació el 7 de Octubre de 1885, exactamente 127 años y dos días antes que mi hija pequeña.
No hace tanto tiempo que sabemos ciertas cosas.

martes, 17 de julio de 2012

Por la simpleza de mi gente


Podría contar tantas cosas del pueblo donde nací,  
de la simpleza de mi gente,  
de su humildad, de su trabajo...  
de sus ambiciones postergadas,  
de su silencio, de su amor.  


Podría hablar de la inmensidad de un amanecer,  
de la tristeza de un tren partiendo  
llevándose un amigo muy lejos, quien sabe adonde...  
del primer amor, una flor entre las manos  
esperando a la salida del colegio,  
un banco de la plaza y el cine los domingos,  
de todo un mundo de ilusiones  
que el mismo lugar transforma en realidad o en olvido.  


Y mi gente, me dio tantas cosas  
como ellos nunca sabrán,  
aprendí tanto de mi abuelo arando su tierra,  
de mi padre trabajando la madera,  
del amor de mi madre por nuestra casa...  
de vivir entre calles de tierra,  Letra de Por la simpleza de mi gente - Sergio Denis - Sitio de letras.com
de compartir la alegría de mis hermanos,  
de sonar en mil noches perdidas  
con futuros inciertos...  


Podría hablar de tantas cosas,  
del potrero y mi camiseta de fútbol,  
del día mas feliz de mi infancia,  
cuando los camellos se comieron todo el pasto,  
se tomaron toda el agua,  
y el negro Baltazar nos dejo un mecano...  


Y mis pantalones largos,  
y la escuela secundaria,  
y los bailes de estudiantes,  
y mi primera guitarra,  
y Salvador Gangone tocando su violín,  
y mi amor eterno por la profesora de matemáticas,  
y yo siempre buscando el camino,  
siempre buscando el camino.  





Sergio Denis

miércoles, 11 de enero de 2012


Defensa de la derrota

Se apoyará, primero, los brazos estirados, las palmas de las manos contra la pared. Respirará hondo y acompasadamente varias veces, hasta que el frío de la pared le llegue. Cerrará los ojos, no mucho tiempo. Sentirá entonces, penetrándole, un reposo húmedo. Será la tristeza. Algo tibio. Intimo, casi fraterno. Decididamente poético. Eso. Poético. Se sentará entonces, sin mirar a nadie. Le punzarán algunas miradas furtivas. De reojo. No deberá hablar casi. Ni insultar. Deberá callar largamente. Sentirá entonces, creciéndole, un orgullo callado, quieto. Será la dignidad. Lo tomará del hombro, llenando con blandura el silencio que acompaña a los fracasos. No deberá llorar. Nunca. Tal vez apretar fuertemente la mandíbula. Un instante. Se pondrá de pie. Sentirá entonces, en el pecho, detrás de los labios, un escozor denso y aguachento. Será el romanticismo, que envuelve en una gasa tenue todas las derrotas. Tomará entonces su frágil fama, su trémulo orgullo antes impecable, se vestirá con ellos cuidadosamente, casi con cariño, y se marchará. No habrá las historias resonantes de la victoria, las felicitaciones sofocantes de la victoria. Estará solo. Y tendrá que caminar lento, pero no muy lento. Una mano en el bolsillo y un gesto vacío en la cara. Apenas una palidez quebradiza en la piel cubierta paternalmente por la solapa levantada. No habrá ni un solo amigo. Ni uno. O tal vez uno que respetará el momento, el silencio, la tristeza, que dejará caer casi con temor, o con respeto, una palmada leve sobre el hombro, como temiendo romper algo, como temiendo que se le desprenda al vencido ese fino revoque de melancolía, de nostalgia.
El vencido sacudirá una vez la cabeza, o dos, en agradecimiento, sin hablar, porque una palabra, un gesto amartillado en falso, puede precipitar el llanto. Y el vencido digno no se permitirá llorar ante terceros. Se marchará solo. Se preparará en su casa un café fuerte, negro, espeso y caliente. Se tomará la cara con las dos manos, para apretarse aun más sobre los párpados esa poesía inútil de las derrotas. Para fijarse sobre los pómulos todo el romanticismo suave e impalpable de las derrotas. Se podrá permitir, ahora sí, un gesto nervioso, un puñetazo corto y duro al aire dulzón de la cocina o bien sobre la mesa. Se podrá permitir, ahora sí, llorar con un llanto comprimido, convulsivo, desesperado y hondo contra el marco de la puerta del comedor. Deberá luego lavarse la cara, secarse los ojos con una toalla. Mirarse al espejo preguntándose si tenía realmente necesidad de llorar.
Y se sentará en el sillón.
Tomará su café.
No se sentirá tan mal, después de todo.


Roberto Fontanarrosa

martes, 6 de diciembre de 2011

Recuerdos de la caída de la Alianza hace diez años
Por Mempo Giardinelli


Al empezar diciembre de 2001 –hace exactamente diez años– muchos analistas políticos sugerían que el único futuro era el abismo. El gobierno del presidente De la Rúa –que había llegado a tener una imagen positiva de hasta el 70 por ciento– había dilapidado en sólo dos años un enorme capital político. La incapacidad y las ambigüedades de este hombre irremediablemente gris definieron una rápida y peligrosa falta de liderazgo, contrastante con la decisión y osadía de su antecesor, a quien se le podían reprochar todas las decisiones que tomaba y sus innumerables defectos, menos, precisamente, el de la indecisión.
La catástrofe no era imprevisible. Era un desastre anunciado porque había múltiples evidencias de lo que se venía. Pero el cinismo negador de la casi totalidad de la dirigencia argentina de la época se sumaba a la creciente penuria económica de la sociedad, y así, de manera inesperada y original, algo se cocinaba con velocidad en las sombras.
Nunca se sabrá cuánto hubo de organización en los saqueos posteriores, en los días previos a la Navidad, pero cuando se produjeron los primeros cacerolazos en el Gran Buenos Aires y en algunas ciudades del interior, y Fernando de la Rúa no tuvo mejor idea que decretar el estado de sitio, el aluvión popular se lo llevó por delante.
En una contratapa que escribí en este diario por esos días, titulada “Padres saqueadores y algunas preguntas”, decía: “La situación no da para más y asistimos a un nuevo desastre político: Fernando de la Rúa firma el estado de sitio y se resiste a renunciar, apenas apuntalado por hijos y amigos y uno que otro funcionario. El radicalismo, el peronismo y el frepasismo han conducido al país a este abismo que reinaugura violencias. Entre todos saquearon al país. Se menemizaron y a coro lo fundieron. Y ahora no saben qué hacer cuando los que fueron saqueados empiezan a saquear las sobras”.
Domingo Felipe Cavallo era uno de los principales responsables del desastre, porque con su política económica terrorista había preparado el terreno. Y De la Rúa, su jefe y a la vez su rehén, era el otro. Las dirigencias en general, y no sólo “los políticos”, eran también responsables del caos porque pudiendo frenar no frenaron y porque antepusieron siempre sus intereses sectoriales por sobre los de la nación. Los dirigentes sindicales eran caricaturas vergonzosas de la historia del movimiento obrero y conspicuos menemistas, que durante diez años habían depredado y corrompido, era público que recorrían cuarteles azuzando una posible intervención militar de emergencia.
Parecía que a los golpistas, que estaban vivos y actuantes, sólo les faltaba apoderarse del Banco Nación, sepultar la educación pública y completar la revancha reivindicando a los militares asesinos. Para ello contaban también con una Corte Suprema y un Senado Automáticos, que parecían preparar el terreno modificando de hecho el orden de la sucesión presidencial.
El llamado Déficit Cero no cerraba ni a palos –literalmente– y el caos social y económico prefiguraba una salida como la de Alfonsín en 1989.
La situación era gravísima y las opciones políticas y económicas, que sí las había, no parecían en capacidad de imponerse. El Frenapo, la CTA, el Plan Fénix y muchas organizaciones sociales y políticas de la Argentina proponían alternativas superadoras. Pero la ceguera del gobierno y de la oposición partidaria parecían absolutas.
La noche del 19 de diciembre Héctor Timerman me invitó a su programa de cable, en el que hablamos de lo que estaba pasando, y cuando salimos a Callao y Corrientes, después de las diez de la noche, nos encontramos con una marea humana que marchaba hacia la Plaza de Mayo. Era una masa amorfa, desorganizada, o al menos sin conducción, pero que sabía lo que quería: rechazar activamente el estado de sitio que De la Rúa había decretado. Era un desafío popular abierto. Un viento, como diría Mario Benedetti, capaz de despeinar a la Historia.
El impresionante cacerolazo de ese miércoles anterior a la Navidad, iniciado en la medianoche y desafiando el estado de sitio instaurado horas antes, se integró con personas que se representaban a sí mismas, que ejercían la democracia directa más directa que alguien se pudiera imaginar. Largamente humilladas, hartas de la traición contumaz de sus representantes, ganaron las calles de las ciudades argentinas como antes lo hicieron otras generaciones. Así como el 17 de octubre de 1945 nació el peronismo de una manifestación del pobrerío marginal y la clase obrera, y en la Semana Santa de 1987 otra manifestación masiva y pluriclasista frenó el golpe de los militares “carapintadas”, así el 19 de diciembre de 2001 quedará en la historia, me parece, como el 17 de octubre de las clases medias urbanas que se resistían a morir.
Aunque algunos la esperábamos, nadie sabía cómo ni cuándo iba a ser esa pueblada. Y eso fue lo mejor: que surgió espontáneamente y por la única gran razón del hartazgo. Por fin la sociedad abandonó la queja y el lamento y se puso en marcha.
Lo importante era que a De la Rúa no lo echaban los acreedores externos ni los ataques desestabilizadores de sus adversarios. Lo expulsaba una mayoría hasta entonces silenciosa que dejaba de hacer silencio y batía las cacerolas no sólo para sacarlos a él y a Cavallo sino para protestar también contra Carlos Menem y la caterva de resucitados que buscaban encaramarse en el poder.

domingo, 27 de marzo de 2011

Anniversary

His life was, in some ways, willfully ordinary: even on the day of Virginia’s disappearance, he “entered in his diary the cumulative mileage of his car, plus the mileage for that day,” and on the afternoon of her cremation, he went to have his hair cut. And yet, as Glendinning notes, the page of his diary on March 28, 1941, “is obscured by a brownish-yellow stain which has been rubbed or wiped. It could be tea or coffee or tears. The smudge is unique in all his years of neat diary-keeping.” In recording these small traces, Victoria Glendinning has given us the measure — noble, engaged and quietly passionate — of the man.

From Victoria to Leonard: 
"I feel certain I am going mad again. I feel we can't go through another of those terrible times. And I shan't recover this time. I begin to hear voices, and I can't concentrate. So I am doing what seems the best thing to do. You have given me the greatest possible happiness. You have been in every way all that anyone could be. I don't think two people could have been happier till this terrible disease came. I can't fight any longer. I know that I am spoiling your life, that without me you could work. And you will I know. You see I can't even write properly. I can't read. What I want to say is I owe all the happiness of my life to you. You have been entirely patient with me and incredibly good. I want to say that everybody knows it. If anybody could have saved me it would have been you. Everything has gone from me but the certainty of your goodness. I can't go on spoiling your life any longer. I don't think two people could have been happier than we have been."

Foto, acá.

lunes, 7 de marzo de 2011

Continuidad



Wikipedia:".. una función continua es aquella para la cual, intuitivamente, para puntos cercanos del dominio se producen pequeñas variaciones en los valores de la función. 
Una función f es continua en un punto Xo en el dominio de la función

si:
 
   \forall \varepsilon > 0 \quad
   \exists \delta> 0 \;
  tal que para toda x en el dominio de la función:
 0<|x-x_0|<\delta \Rightarrow |f(x)-f(x_0)|<\varepsilon"



Ja. Chupate esa mandarina.
En cristiano: "Generalmente una función continua es aquella cuya gráfica puede dibujarse sin levantar el lápiz del papel."


Cual seria el epsilon de nuestras vidas?
Que aspectos de nuestra vida cotidiana podria dibujarse sin levantar el lápiz del papel?


domingo, 6 de marzo de 2011

Entropia

En cualquiera de los ciclos termodinámicos que se aprenden en el cole, el instituto o la Uni, las cosas son cerradas, precisas, inviolables. Si el señor Carnot dice que al llevar el sistema del estado A al B, luego al C y finalmente al D la cosa gana o pierde esta o aquella cantidad de energia libre, mas vale tomar nota porque debe ser así nomás (recuerdos a don U., quien debido a su digital sublimación ya no anda mas 'as is' por aquí).
Decía, esos ciclos son cojonudos y dan toda la sensación de bienestar porque al final del ciclo nuestro sistema habrá recuperado el valor de sus funciones de estado, o, al menos, podremos saber con certeza cuánto ha ganado o perdido de cada una de estas funciones.
Incluso no importa el camino que haya seguido para finalmente volver al estado original. La regla es: dime de donde has salido y donde estás ahora, y te diré lo que valen tus importantísimas y vitales funciones de estado.
El rendimiento es una cantidad tan definida que abruma.

En los ciclos vitales la cosa es bastante diferente: no ya sólo por el hecho de que nunca se vuelve al primer sitio porque ese sitio como tal no existe más, sino (y aquí reside la irreversibilidad) porque jamás se volverá a ser ése que inició el ciclo.
La cosa empeora cuando se pasa por los diferentes estados intermedios B, C y D. Más lugares que añorar, más amigos que perder, más tiempo en la piel. Mas sitios que se desea fundir para construir El Propio Lugar.

Es imposible no ya calcular, sino meramente estimar la Energía necesaria para cerrar uno de estos ciclos, y por lo tanto es imposible saber si se cuenta con dicha energía para llevar a cabo el proceso. Pero lo que verdaderamente impide a gente de bien completar los ciclos es el desorbitante aumento de la entropia que se genera en el entorno cercano. Es tal el quilombo que suele percibirse como una enorme barrera de potencial (conceptualmente erróneo pero ajustado desde la propia percepción) que se hace necesario escalar. Por eso muchos esperan, transitando entre microestados adyacentes, la fluctuación que les permita justificar tamaña transformación.

Pero siempre, siempre, saben que la disminución en la entropía del sistema implica un (mayor) aumento en la entropía del entorno.

domingo, 27 de febrero de 2011

Sigue pasando.


Febrero de 2011.


Paloma Bravo
(fuente: blog 'La novia de Papá')

Ese hombre casado (o esa mujer, que no me voy a poner a discriminar por sexo y tengo que contar una historia, así que, por favor, entended todo en genérico). Ese hombre casado, digo, que no te cuenta grandes dramas porque respeta a su mujer y no habla mal de ella, pero...
Pero que sí, que se siente y se muestra disponible. O lo parece.
Y al otro lado, una mujer que suele tener mucho contacto con él (trabajo, amigos comunes, lo que sea). Una mujer que tiene su propia vida.
Una relación que evoluciona.
Sólo hay una vida y en unas semanas ya se han querido, ya se han tocado, ya se han echado de menos, ya se han necesitado, ya se han hecho daño.
Sólo han pasado un par de meses y ella sabe que tiene por delante un día de añoranza y de fantasmas, pero lleno de mensajes. En eso él no se corta. Los enmarca, claro, con dos llamadas: a las 9 de la mañana, a las 9 de la noche. No es que sea germánico, no. Son sus horarios de coche, de soledad, de ausencia de testigos: de garaje a garaje.
"Te dejo, mi amor, que entro en el despacho".
"Te dejo, mi vida, que llego a casa".
Cada día es toda una vida: conquista a las 9, enamoramiento en horario laboral, abandono por la noche.
Cada día es demasiado.
Pasan unos meses más.
Ella no pide nada, él tampoco da.
Desgaste, dolor, sexo.
Un poquito más.
Ella se nota despegándose.
Algunos días no coge el móvil por la mañana. Otros no contesta los mensajes. Y ya casi nunca contesta por la noche. Tiene otros planes que no son nada especial: sólo no pensar en él.
Pasa la vida.
Pasan las vidas.
Siguen pasando.


sábado, 2 de octubre de 2010

Dias extraños


Su amigo estaba bastante extrañado por un sueño ("tan vívido", dijo) que mezclaba cosas reales a imposibles, de hoy y de hace 20 años, y de algo que parecía el futuro.

- Porqué te sorprendés?, si en tu inconsciente el tiempo es un parámetro más que puede retorcer a voluntad...

- Me sorprendo -respondió mirando fijo el terrón de azúcar en la cuchara - porque anoche aún no sabía que a mi hermano le habían pegado esos mismos dos tiros en esa misma calle, en ese mismo hospital.

Esta es casi la misma clase de misterio que la mera existencia de un amigo ambateño de familia de chapas, capaz de aguantar un chance o diez, que sorprende tarareando con un acento caribeño algo tan pampeano como:

La sangre tiene razones
que hacen engordar las venas.
Pena sobre pena y pena
hacen que uno pegue el grito.
La arena es un puñadito
pero hay montañas de arena.


mientras va llenando el Dewar con Helio líquido.

viernes, 27 de agosto de 2010


Un estratega militar del antiguo oriente decía que si te enfrentas a una gran montaña, o te opones al enemigo de espaldas a ésta, es probable que no puedas regar tu jardín al día siguiente. Típico 'advise' de un chino de la época, que tenían esa costumbre de mandar una de éstas (generalmente junto con otras quince mil doscientas) y dejarla picando durante siete siglos. Algo así como 'the ultimate' códice.