lunes, 26 de enero de 2009

Mama Ann

Sabemos que hay los equipos de escritores que hacen que las memorias de esta gente parezcan las de esta gente, y sabemos que en estos niveles nada es lo que parece, pero joder, este no es el bodoque típico que uno espera de unas memorias.
Lo que Mr. président dice sobre su madre escapa al nivel de la sensibleria general en estos casos de literatura electoral:

"I think sometimes that had I known she would not survive her illness, I might have written a different book—less a meditation on the absent parent, more a celebration of the one who was the single constant in my life. In my daughters I see her every day, her joy, her capacity for wonder. I won’t try to describe how deeply I mourn her passing still. I know that she was the kindest, most generous spirit I have ever known, and that what is best in me I owe to her."


Al decir del Escriba, tener rasgos de humanidad mide. 

viernes, 9 de enero de 2009

A las puertas del infierno, otra vez

Líderes occidentales avalan la idea de que Israel se cuida mucho de evitar víctimas cuando emprende una ofensiva militar. En doce días de operación, la cifra de muertos asciende a 760. Después Occidente se pregunta “¿por qué nos odian?”.
 Por Robert Fisk *

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

Una vez más, Israel abrió las puertas del infierno para los palestinos. Cuarenta refugiados civiles muertos en una escuela de Naciones Unidas, otros tres en otro plantel de este tipo. No está mal para una noche más de trabajo en Gaza a cargo del ejército israelí, que cree en la “pureza de las armas”. ¿Debería sorprendernos?

Ya se nos olvidaron los 17.500 muertos –casi todos civiles, la mayoría mujeres y niños– durante la invasión de Israel a Líbano, en 1982; los 1700 palestinos muertos durante la matanza de Sabra y Chatila; la masacre de Qanaen en que murieron 106 civiles libaneses refugiados, más de la mitad de ellos niños, en una base de la ONU; la matanza de los refugiados de Marwahin, a quienes Israel ordenó salir de sus casas en 2006 para luego ser asesinados por helicópteros israelíes; los mil muertos en el mismo bombardeo del mismo año y en la invasión a Líbano, y lo mismo, casi todos civiles.

Lo que es sorprendente de los líderes occidentales, tanto presidentes como primeros ministros y, me temo, directores de medios y periodistas, es que se han tragado la vieja mentira de que Israel se cuida mucho de evitar víctimas civiles. “Israel hace todo el esfuerzo posible para evitar afectar a civiles”, aseguró de nuevo otro embajador israelí horas antes de la matanza en Gaza.

Y cada presidente y primer ministro que ha repetido esta mendacidad como excusa para no exigir un cese del fuego tiene en las manos la sangre de la carnicería de anoche. Si George W. Bush hubiera tenido el valor de exigir un cese del fuego hace 48 horas, todos esos ancianos, mujeres y niños, esos 40 civiles, estarían vivos.

Lo que ocurrió no sólo es una vergüenza: fue una desgracia. ¿Sería exagerado llamarlo crimen de guerra? Porque así es como llamaríamos a esta atrocidad si Hamas la hubiera cometido. Por lo tanto, me temo, estamos ante un crimen de guerra.

Después de cubrir tantos asesinatos masivos a manos de ejércitos de Medio Oriente –por soldados sirios, iraquíes, iraníes e israelíes–, supongo que debería yo reaccionar con cinismo. Pero Israel proclama que está combatiendo en la guerra “internacional contra el terror”. Los israelíes aseguran luchar en Gaza por nosotros, por nuestros ideales occidentales, por nuestra seguridad y para salvarnos, de acuerdo con nuestras normas. Y así somos cómplices de las salvajadas que se cometen en Gaza.

Ya he reportado las excusas que en el pasado ha dado el ejército israelí por estos atropellos. Como está claro que serán recalentadas en las próximas horas, aquí les obsequio algunas: los palestinos mataron a sus propios refugiados, los palestinos desenterraron cuerpos de los cementerios y los plantaron en las ruinas. Y al final de cuentas, los palestinos tienen la culpa por haber apoyado a una facción armada, y además porque los palestinos armados deliberadamente utilizan a refugiados inocentes como escudos humanos.

Cuando la derechista Falange libanesa, aliada de Israel, perpetró la matanza de Sabra y Chatila, los soldados israelíes se quedaron ahí, observándolos durante 48 horas, sin hacer nada, y esto fue revelado por una investigación a cargo de una comisión israelí.

Posteriormente, cuando Israel fue acusado de esa matanza, el gobierno de Menachem Begin acusó al mundo de calumniar con sangre a su país. Después de que la artillería israelí disparó bombas contra una base de la ONU en Qana, en 1996, los israelíes afirmaron que hombres armados de Hezbolá también se refugiaban en dicha base. Era mentira. Los más de mil muertos en 2006 en una guerra que comenzó cuando Hezbolá capturó a dos soldados israelíes en la frontera simplemente se achacaron a Hezbolá.

Israel aseguró que los cuerpos de niños asesinados en la segunda matanza de Qana fueron tomados de un cementerio. Esa fue otra mentira.

Nunca hubo excusas para la masacre en Marwahin. Se ordenó a los pobladores de la aldea que huyeran y ellos obedecieron sólo para ser atacados por barcos artillados israelíes. Los refugiados tomaron a sus niños y los colocaron en torno de los camiones en que viajaban, para que los pilotos israelíes pudieran ver que eran inocentes. Fue entonces cuando los helicópteros israelíes les dispararon a corta distancia. Sobrevivieron sólo dos personas, haciéndose pasar por muertos. Israel ni siquiera ofreció disculpas por este episodio.

Doce años antes, otro helicóptero israelí atacó una ambulancia que llevaba civiles de una aldea a otra –de nuevo obedeciendo órdenes de Israel– y mató a tres niños y dos mujeres. Los israelíes aseguraron que había un combatiente de Hezbolá en la ambulancia. Era mentira. Yo cubrí todas estas atrocidades, investigué, hablé con sobrevivientes. Lo mismo hicieron varios colegas. Nuestro destino, desde luego, fue enfrentar la más vil de las calumnias: se nos acusó de antisemitas.

Y escribo lo siguiente sin la menor duda: escucharemos de nuevo estas escandalosas fabricaciones. Nos repetirán la mentira de que Hamas tiene la culpa. Dios sabe que éste es culpable de suficientes cosas sin tener que añadir este crimen. Probablemente nos salgan también con la mentira de “los cuerpos sacados del cementerio”, y seguramente también escucharemos de nuevo la mentira de que “Hamas estaba dentro de la escuela de la ONU”. Y definitivamente, nos dirán de nuevo la mentira del antisemitismo. Y nuestros líderes soplarán y resoplarán y le recordarán al mundo que fue Hamas el que rompió el cese del fuego.

Sólo que no fue así. Israel lo rompió primero, el 4 de noviembre, cuando dio muerte a seis palestinos durante un bombardeo a Gaza, y de nuevo el 17 de noviembre, al matar con otro bombardeo a cuatro palestinos más.

Sí, los israelíes merecen seguridad. Veinte israelíes muertos en los alrededores de Gaza en 10 años es, desde luego, una cifra horrible. Pero 760 palestinos muertos en diez días y miles de muertos desde 1948, a partir de cuando la matanza israelí de Deir Yassin impulsó el éxodo palestino de esa parte de Palestina que se convertiría en Israel, es una escala totalmente distinta.

Esto recuerda, no lo que sería el normal derramamiento de sangre en Medio Oriente, sino una atrocidad del nivel de la guerra de los Balcanes en los años ’90.

Desde luego, cuando un árabe se levante y con furia sin freno arroje hacia Occidente su ira incendiaria y ciega, diremos que eso nada tiene que ver con nosotros. “¿Pero por qué nos odian?”, nos preguntaremos. No vayamos a decir que no sabemos la respuesta.


viernes, 2 de enero de 2009

Los otros


Howard Zinn, que además de historiar había pasado parte de la segunda guerra mundial arriba de un B52 realizando las últimas misiones de 'hard dropping' sobre diversas ciudades alemanas, decía algo así como que (cito de memoria): "en la guerra existe la presuposicion de que uno mismo pertenece al bando de los buenos muchachos. Y que los del otro bando son, portanto, los malos. A partir de esta hipotesis, que es extremadamente dificil de cuestionarse en una situacion de guerra, muchas cosas limítrofes con lo criminal se admiten como naturales o necesarias".

Cuando un proyectil impacta en un edificio 'target' de las caracteristicas que tiene la construcción típica en Gaza o Rafah, los trozos de mampostería se convierten en nuevos proyectiles que sales a gran velocidad hacia las casas vecinas, atravesando no solo las ventanas sino tambien las paredes de esas casas. 
La familia de los Ba'lousha estaba por cenar esa noche en su modesta casa de Jabalia. Papá y mamá, además de Ayah, Eiman, Ikram, Tahrir, Samar y Abu que conforman una escalera casi servida desde el 9 hasta el 1 en años. Estaba reunida en, digamos, el comedor familiar. Mencionemos que no hay luz ni agua en todo el barrio, como en tantos otros barrios de la franja. De modo que, a oscuras, se trata de hacer algo parecido al evento que en un país occidental se conoce como 'cenar'. La proximidad de la mesquita de Imad Aqil no suponía hasta ese día nada más que un dato barrial. Pero ahora, que en la mesquita al otro lado de la calle impacta un misil israelí con el improbable objetivo de alcanzar algún lider de hamas oculto allí, ese hecho se torna un hito al la vida familiar de los Ba'lousha. 
De golpe la oscuridad se desvanece y por un instante se ve claramente toda la calle iluminada, estallan los vidrios que dan a la calle y entra una ráfaga de aire caliente. Acto seguido, la luz desaparece y se percibe en ese mismo momento que junto al vaho caliente de la calle ha llegado una lluvia de piedras y metal a alta velocidad, pero ahora ya no puede verse el resultado de esta lluvia porque se ha extinguido la luz de la vecina edificacion religiosa. 

Solo con la luz del amanecer podrá verse que cinco de los seis hermanos han muerto y sólo el menor de la familia ha sobrevivido debido parcialmente a la protección del cuerpo materno.